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martes, 26 de mayo de 2020

La disponibilidad de agua marcó la adaptación de las variedades locales de trigo duro en el Mediterráneo

Las variedades de trigo duro de los países más secos y cálidos de la cuenca mediterránea (Siria, Jordania, Líbano e Israel), son más bajas, florecen antes, tienen un período de llenado del grano más largo, y producen más espigas y más grandes por unidad de superficie que las variedades procedentes de zonas más húmedas y frías. Los granos de las variedades de trigo duro de estas últimas zonas, por el contrario, son más pesados ??y se llenan más rápidamente. Es la principal conclusión a la que ha llegado una investigación del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) (España), que constata que las variedades de una zona y otra «tienen una capacidad desigual para utilizar el agua disponible antes y después de la floración», explica la Dra. Conxita Royo, investigadora del programa de Cultivos Extensivos Sostenibles del IRTA. Según la investigadora, los resultados del estudio «permitirán seleccionar y mejorar nuevos trigos que se adaptarán mejor a los ambientes secos y calurosos que predicen los modelos de cambio climático».

Los investigadores estudiaron una colección de variedades tradicionales de trigo duro procedentes de 21 países de la cuenca mediterránea, creadas por el propio grupo de investigación a partir de semillas de trigo procedentes de bancos de germoplasma. Paralelamente, mediante series históricas de datos climáticos de las principales zonas de cultivo de trigo duro del Mediterráneo, identificaron el Mediterráneo Oriental como la zona más cálida y seca pues es donde hay una temperatura, una radiación solar y una evapotranspiración potencial más altas, y una pluviometría y una humedad relativa más escasas.

Gracias a los marcadores moleculares, identificaron las regiones del genoma asociadas a determinadas características agronómicas. Así, observaron que las variedades adaptadas a la zona más seca y cálida utilizan el agua disponible en el suelo antes de la floración para acumular carbohidratos solubles que, posteriormente, se movilizan hacia el grano; las variedades adaptadas a zonas más húmedas y frías, en cambio, aprovechan mejor el agua disponible después de la floración para llenar el grano. El estudio también revela que algunos marcadores moleculares asociados a estas características agronómicas se encuentran en diferente frecuencia en el genoma de variedades de una y otra zona geográfica. «Esto sugiere que, para que las plantas puedan sobrevivir a cada ambiente, la selección natural actuó sobre las variedades tradicionales ajustando los valores de cada característica y las frecuencias de los alelos asociados», comenta la investigadora del IRTA.

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(Foto: IRTA)

Estos hallazgos son el resultado de varios proyectos financiados por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (MINECO), dirigidos a estudiar las características del trigo que favorecen su adaptación a ambientes con diferente climatología.

La domesticación del trigo tuvo lugar en el Creciente Fértil durante la revolución neolítica, hace unos 10.000 años. De allí, el trigo se dispersó a través de la cuenca mediterránea, hasta llegar a la Península Ibérica 3.000 años más tarde. La selección natural hizo que, una vez alcanzado un determinado territorio, adquiriera paulatinamente ventajas adaptativas a las nuevas condiciones ambientales a través de cambios en su ciclo vital (fenología) y en los caracteres ligados a una mayor producción de grano. La evolución del trigo durante este largo proceso de migración y la selección que hicieron los humanos con el inicio de la agricultura dieron como resultado las variedades tradicionales, también conocidas como variedades locales o landraces (en inglés). Se trata de variedades consideradas endémicas de la zona donde se originaron, en la que están muy bien adaptadas. Por eso son un material único para la realización de estudios de adaptación del trigo en el cambio climático. (Fuente: IRTA)

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viernes, 22 de mayo de 2020

Un estudio sobre el estado de ánimo de la población durante la crisis de la COVID-19 revela su capacidad de adaptación y la importancia de la tolerancia a la frustración

Evaluar la evolución del estado de ánimo de la población española durante la crisis del coronavirus con el fin de analizar las estrategias más efectivas para la adaptación y los factores agravantes es el principal objetivo del estudio que están llevando a cabo los investigadores Carlos Suso Ribera, profesor ayudante doctor de la Universitat Jaume I, y Ramón Martín Brufau, profesor asociado de la Universidad de Murcia y adjunto a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Servicio Murciano de Salud (España).

El análisis, denominado «Evolución del estado de ánimo durante la crisis del coronavirus (COVID-19)», parte de los datos recogidos a través de un cuestionario web en el que se chequea diariamente el estado anímico y emocional de la población durante el confinamiento en cuanto a factores de fatiga, irritabilidad, ansiedad, tristeza o energía, así como las conductas que adoptan en esta situación respecto a la actividad física, exposición al sol, horarios y rutinas, o interacción con otras personas, entre otras. Asimismo, también se tienen en cuenta factores demográficos o de carácter socioeconómico como la situación laboral o el nivel de ingresos para determinar qué perfiles son más vulnerables emocionalmente durante el confinamiento.

Gracias a este registro continuado de respuestas, que todavía está en marcha, el estudio presenta una imagen representativa de toda la geografía española en cuanto a la evolución de la crisis, una información de gran valor a la hora de atender el estado psicológico de la población con mayor efectividad por parte de los equipos de salud mental y valorar la influencia de las estrategias adoptadas a nivel individual.

Cabe destacar que el estudio, de participación anónima y voluntaria, cuenta con datos registrados desde el primer día del estado de alarma, con cerca de 3.000 respuestas en el inicio del confinamiento y una evaluación diaria de unas 500 personas, aunque se ha ido reduciendo progresivamente con el paso de las semanas. La participación ha sido mayoritariamente femenina, con una proporción del 70-30%, aunque con una menor representación de mayores debido a la brecha digital. Asimismo, tampoco se han analizado niños y niñas por una cuestión de protección de datos.

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Carlos Suso. (Foto: UJI)

Los resultados del análisis evidencian la capacidad de adaptación de la población frente a esta situación, con una tendencia a la estabilización con el paso de las semanas, y apuntan a que la tolerancia a la frustración es una de las principales claves del bienestar, con una repercusión mucho mayor que otros factores como pueden ser el económico o los relacionados con el entorno. También se ha detectado la importancia de llevar a cabo conductas que persigan objetivos concretos y estén asociadas a valores, es decir, que no se realicen simplemente para mitigar las sensaciones desagradables.

«Inicialmente la noticia del confinamiento fue dura y tuvo un impacto importante a nivel de depresión, irritabilidad o de cansancio. Además, hemos observado que ha habido momentos puntuales en los que se ha empeorado dentro del propio confinamiento, sobre todo coincidiendo con los anuncios de la ampliación del estado de alarma», explica Carlos Suso. No obstante, señala que estos niveles se han ido estabilizando con el paso de las semanas y ahora están retornando a los niveles pre-crisis con la nueva fase de desconfinamiento gradual.  

En cuanto a los perfiles más afectados por la situación, los conductores del estudio destacan el impacto en los adultos jóvenes, de entre 18 y 30 años, así como en las mujeres en los primeros días de cuarentena. «Uno de los hallazgos más sorprendentes que hemos encontrado es que la población joven adulta es de las que peor ha llevado la situación, posiblemente por la interrupción de muchos de sus proyectos vitales o por la falta de recursos psicológicos, ya que todavía están elaborándolos», señala el investigador de la UJI. En este sentido, Carlos Suso pone de relieve la importancia de prestar más atención a este segmento de la población, aunque también destaca la gran capacidad de adaptación que han mostrado con la evolución del confinamiento.

Desde un punto de vista de género, el análisis muestra un nivel de malestar emocional más alto en mujeres al principio del confinamiento, aunque después se ha igualado. «Nuestra hipótesis es que cuando empezó el estado de alarma eran las mujeres las que estaban haciendo un mayor esfuerzo, haciéndose cargo de la casa, el cuidado de los hijos y adaptándose a una nueva situación, y eso les afectó, pero a medida que ha avanzado el confinamiento se ha ido ajustando y ha mejorado», señala Suso.

En el estudio también se les preguntaba a los participantes sobre las condiciones de su entorno y el nivel global de ingresos. En cuanto a las personas que viven solas, el investigador de la UJI explica que «no lo han pasado peor en ningún momento de la evolución, quizás porque hay recursos que pueden haber facilitado que se hayan sentido mejor, como las redes sociales, y por su capacidad de estar solos, que puede haberles beneficiado». En cambio, se han detectado mayores índices de depresión y ansiedad en los primeros días de confinamiento en personas que conviven y sin hijos, aunque con una tendencia hacia el equilibrio. De la misma forma, la preocupación por el futuro económico en hogares con menos recursos se percibía más en la fase inicial, pero se ha ido igualando.

A pesar de todos estos condicionantes, los investigadores subrayan que, con diferencia, de todos los factores que influyen en el estado emocional el más determinante es la tolerancia a la frustración, es decir, adoptar una actitud resiliente y entender que las dificultades forman parte de la vida. En este sentido, aconsejan definir propósitos de acuerdo con unos valores y huir de conductas a corto plazo que puedan generar daño.

Además, a raíz de los datos obtenidos en el inicio del confinamiento, los responsables del estudio también han elaborado una lista de ocho consejos relacionados con las variables que más afectan al estado de ánimo. Las recomendaciones se resumen en promover una buena higiene del sueño, utilizar internet para interactuar con amigos y familiares pero no de forma pasiva, informarse con moderación, realizar actividad física, exponerse a la luz solar, no recurrir a la comida cuando se experimenta malestar emocional, permitirse a uno mismo sentirse mal y prestar especial atención a los adultos jóvenes. (Fuente: UJI)

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