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lunes, 8 de junio de 2020

La vitamina D tendrá un importante protagonismo en los tratamientos de fertilidad en la “Nueva Normalidad”

La nueva normalidad en los tratamientos de fertilidad y reproducción asistida traerá no pocos cambios. El primero y más importante tiene que ver con la urgencia en los casos en los que la posibilidad de éxito se reduce con el paso de los días, especialmente en mujeres pre menopáusicas. El segundo, la necesidad de personalizar y mejorar los tratamientos, evitando repeticiones que los encarecen. En este caso,  la vitamina D y la melatonina permiten mantener y mejorar la fertilidad, reduciendo los costes y aumentando la eficacia de los tratamientos.

El papel de la vitamina D, considerada hasta hace poco solo en relación con la salud esquelética, es muy importante según el doctor Jan Tesarik, Director de la Clínica MARGen de Granada (España). “Hoy día sabemos que está íntimamente implicada en la función del aparato reproductor femenino, y su carencia causa infertilidad, abortos espontáneos y fallos de la reproducción asistida”.

Un estudio recientemente realizado por un grupo de científicos italianos, húngaros y españoles, entre los que figura el doctor Tesarik, ofrece una una revisión exhaustiva del papel de la vitamina D en trastornos reproductivos y en el éxito de la reproducción asistida.

“Se estima que más que la mitad de las mujeres españolas en edad reproductiva tiene las reservas subóptimas de vitamina D. Los valores normales de la concentración de vitamina D en el suero se sitúan por encima de 30 ng/ml, se considera una insuficiencia cuando el nivel se sitúa entre  10 y 30 ng/ml, y una deficiencia cuando este valor está por debajo de 10 ng/ml. Ambas condiciones están asociadas con problemas de fertilidad femenina, fracasos de reproducción asistida y abortos espontáneos. Es importante resaltar que la mujer que quiere procrear tiene que alcanzar un nivel correcto de la vitamina D antes de la concepción, ya que recuperarla después de la fecundación tiene poco efecto”, explica el doctor Tesarik.

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(Foto: MARGEN)

La mayor parte (aproximadamente 90%) de la vitamina D total presente en el organismo es producida en la piel bajo el efecto de la radiación solar. Sólo alrededor de un 10% es aportado de fuentes alimenticios. Los pescados grasos, como el salmón, el atún y la caballa, son las mejores fuentes de vitamina D, seguidos por el hígado vacuno,  el queso, la yema de huevo y los hongos. Sin embargo el consumo de estos alimentos no bastará si la producción propia en la piel es insuficiente. El actual confinamiento en domicilio, con una reducción consecuente de la exposición a la radiación solar, ciertamente agravará esta situación. La insuficiencia de vitamina D es más frecuente en personas con sobrepeso. En cualquier caso es importante dejar evaluar la concentración de vitamina D en el suero de todas las mujeres que quieren quedarse embarazadas y compensar las eventuales carencias por aportación medicamentosa de la vitamina.

La diana principal de la vitamina D es el endometrio (el revestimiento interno de la cavidad uterina donde se implantan los embriones). La vitamina D favorece el proceso de implantación promoviendo un estado de tolerancia inmunitaria local, necesaria para que el organismo femenino acepte al embrión cuya herencia genética es mitad maternal y mitad paternal. Otros efectos de la vitamina D en el organismo maternal incluyen la activación de algunos genes, cuya transcripción es importante para la implantación, y la estimulación de la producción de la hormona progesterona por el ovario. Por otro lado, aún no se han podido demostrar de manera inequívoca efectos de la vitamina D sobre la calidad de los óvulos y de los espermatozoides.

Aparte la infertilidad y los fracasos de la reproducción asistida, la insuficiencia de vitamina D contribuye a la patogénesis de diferentes enfermedades del aparato reproductor femenino, incluyendo el síndrome de ovarios poliquísticos, la endometriosis, miomas uterinos y la insuficiencia ovárica prematura. A pesar de la falta de pruebas inequívocas, varios estudios sugieren que la vitamina D podría disminuir el riesgo de diferentes complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, tales como la preeclampsia, la restricción del crecimiento fetal, la diabetes gestacional y la depresión post-parto.

 “Con respecto a la infertilidad, la insuficiencia de vitamina D afecta esencialmente a las mujeres, en particular en lo que concierne la capacidad del útero para acoger al embrión. La mayoría de las mujeres en la edad reproductiva sufren de esta condición. Es por tanto importante que las mujeres que buscan a ser madres dejen evaluar sus reservas de vitamina D, por un sencillo análisis de sangre, y corrijan la eventual deficiencia con una medicación oportuna lo antes posible”, concluye el doctor Tesarik.  (Fuente: MARGEN)

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jueves, 4 de junio de 2020

¿Afecta el coronavirus a la fertilidad y las relaciones sexuales?

Ni los óvulos ni los espermatozoides son vulnerables al coronavirus, sin embargo las relaciones sexuales no están exentas del contagio, ya que el líquido seminal contiene otras células, además de los espermatozoides, que si pueden ser atacadas por el virus. En cuanto a la fertilidad, la pandemia puede tener un efecto negativo en la capacidad reproductiva de hombres y mujeres, tanto de manera directa, en los órganos reproductores, como por los efectos tóxicos de desinfectantes medioambientales, la ansiedad causada por las condiciones de confinamiento y, sobre todo, por algunos tratamientos antivirales.

En un estudio publicado en la revista Reproductive Biomedicine Online, el doctor Jan Tesarik, director de la clínica MARGen de Granada (España), ofrece una visión optimista y constructiva del futuro de los tratamientos de infertilidad, durante y después del COVID-19, y analiza su impacto en las parejas con problemas de fertilidad.

“Ni los espermatozoides ni los óvulos poseen los componentes que pueden ser utilizados por el virus como puerta de entrada: la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 (ECA2), particularmente abundante en la superficie de las células epiteliales de los alveolos del pulmón (neumocitos), el puerto de entrada preferente del virus.”

Las moléculas ECA2 están presentes en células de los conductos nasales, del intestino, de los riñones, de la vejiga y del corazón, que representan potenciales vías alternativas de la entrada del virus en el organismo.

“La ausencia de las moléculas ECA2 en los espermatozoides y los óvulos -señala Tesarik- excluye la transmisión del COVID-19 en la fecundación in vitro, realizada mediante la microinyección del espermatozoide en el citoplasma del óvulo (ICSI). Una conclusión confirmada empíricamente por la ausencia de la transmisión vertical (de los padres a los hijos) de la enfermedad”.

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(Foto: MARGEN)

Sin embargo, la transmisión del hombre a la mujer en el acto sexual no se puede excluir. De hecho, un estudio reciente ha detectado la presencia del virus COVID-19 en el eyaculado de algunos hombres afectados por la enfermedad. El eyaculado contiene varios otros tipos de células, además de los espermatozoides, que pueden, en teoría, transmitir el virus, aunque ningún caso real de transmisión sexual aún ha sido documentado. “La ventaja de la ICSI -indica el doctor Tesarik-  es que todas las células, que no sean el espermatozoide por inyectar, se eliminan, y la transmisión es imposible. También es imposible la transmisión de la mujer al hombre en el acto sexual, porque el virus  esta ausente en la vagina”.

Una de las principales preocupaciones de las parejas es saber hasta qué punto la situación creada por la pandemia puede deteriorar su estado de fertilidad. Según un otro estudio reciente, estos riesgos existen y pueden ser de diversa índole, como un efecto directo del virus sobre los órganos reproductores, efectos tóxicos de desinfectantes medioambientales, ansiedad causada por las condiciones de confinamiento y, sobre todo, varios tratamientos antivirales.

En el caso de los hombres, aunque el virus no pueda atacar a los espermatozoides, las moléculas de ECA2 están presentes en diferentes otros tipos de células testiculares que fomentan el desarrollo y la maturación de los espermatozoides. Consecuentemente, su infección puede afectar indirectamente la cantidad y la calidad de los espermatozoides de los testículos.

Los hombres jóvenes afectados por la COVID-19 deberían dejar evaluar su espermiograma y la integridad del ADN de los espermatozoides y, en caso de un deterioro progresivo, congelar el esperma antes de que se produzcan daños más importantes. De hecho, se registraron daños testiculares en una epidemia precedente con el virus SARS, íntimamente relacionado con el virus COVID-19. Sin embargo,  no se detectó ningún deterioro importante de la función reproductiva de la mujer.

Otros riesgos, quizá más relevantes, son las consecuencias del estado de pánico provocado tanto por el miedo de enfermar como por ver peligrar el futuro económico y laboral. El estrés crónico causado por la pandemia perturba el eje hormonal regulativo entre el hipotálamo, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales, con posibles daños en los espermatozoides y los óvulos. En cuanto al uso de los desinfectantes, a pesar de varias sospechas, aún no fue demostrada ninguna toxicidad para el sistema reproductor.

Algunos agentes terapéuticos antivirales, como remdesivir, ribavirin, lopinavir/ritonavir, cloroquina y hidroxicloroquina, producen varios efectos adversos en espermatozoides. “Hasta ahora, ninguno de aquellos medicamentos ha mostrado eficacia contra el virus, a pesar de los muchos estudios prospectivos en marcha. Independientemente de su eficacia, la mayoría son más o menos tóxicos para varios sistemas del organismo humano, incluyendo el reproductor,” comenta el doctor Tesarik.

“En esta situación -concluye el doctor Tesarik- sería recomendable extender los ensayos clínicos a medicamentos que han demostrado efectos positivos en epidemias previas con virus de la misma familia que el COVID-19, como la melatonina, que no tiene toxicidad ninguna y posee varios efectos protectivos en los humanos, incluyendo la prevención de diferentes tipos de cáncer”. (Fuente: MARGEN)

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martes, 19 de mayo de 2020

Un antioxidante revierte el daño contra la fertilidad que provoca la exposición al bisfenol-A

La exposición al bisfenol A (BPA), un compuesto presente en algunos tipos plásticos, tales como los de las envolturas internas de las latas de comida, los recibos de papel térmico y los sellantes dentales, ha sido relacionada con diversos problemas de salud en humanos, entre ellos la merma de la fertilidad.

Y los resultados de un estudio realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos –a cargo de la becaria de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo -FAPESP Maria Fernanda Hornos Carneiro y su equipo–, demuestran que es posible deshacer este efecto perjudicial del contaminante mediante el aporte de coenzima Q10, una sustancia que el cuerpo humano produce naturalmente y que también se encuentra presente en carnes y pescados.

Un artículo publicado en la revista Genetics es el primero que propone esta estrategia tendiente a revertir los efectos del BPA en el organismo. En el estudio, los investigadores pusieron a prueba la acción antioxidante de la coenzima Q10 en gusanos de la especie Caenorhabditis elegans expuestos al contaminante.

Por ser un excelente antioxidante, la coenzima Q10 es un donante nato de electrones, que reduce el estrés oxidativo y el daño que causa el BPA. “El BPA posee potencial oxidante, ya que es inestable químicamente y genera especies reactivas de oxígeno y nitrógeno. Cuando se agota la reserva antioxidante de las células [donantes de electrones], el contenido de estas especies reactivas de oxígeno y nitrógeno aumenta. En función de su inestabilidad química, las mismas acaban por “robarles” electrones a orgánulos celulares tales como las mitocondrias, a las membranas celulares, a las proteínas e incluso al ADN, causando un importante daño celular, y pueden provocar la muerte de las células. En mayor magnitud, esto genera problemas importantes en el organismo”, dice Hornos Carneiro.

En la investigación se evaluaron factores tales como la cantidad de huevos puestos y el índice de eclosión, algo comparable en humanos con la dificultad de embazarse y a la producción de abortos espontáneos o anomalías cromosómicas respectivamente.

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Estructura molecular del bisfenol A. (Foto: DICYT)

“El bisfenol A es un contaminante químico que actúa como desregulador endócrino, provocando estrés oxidativo [desequilibrio entre moléculas oxidantes y antioxidantes] y el consiguiente daño celular en los gametos y en el embrión. En el estudio, los gusanos expuestos al BPA y con el aporte de la coenzima Q10 exhibieron tasas más bajas de muerte de óvulos, menos roturas de ADN y menos anormalidades en los cromosomas durante los procesos de división de las células, aparte de un menor estrés oxidativo en los óvulos”, dice Hornos Carneiro, quien llevó a cabo su estudio coordinado por Monica Paola Colaiácovo en la Facultad de Medicina de la Harvard.

En el experimento, los gusanos quedaron expuestos al BPA, a la coenzima Q10 y a un solvente (DMSO) en distintas combinaciones. Los vermes quedaron divididos en cuatro grupos: uno expuesto únicamente al vehículo (en el cual el contaminante fue diluido-DMSO); el segundo, al vehículo y a la coenzima Q10; el tercero, expuesto solamente al contaminante BPA, y el último, al contaminante con complementación de Q10.

El tiempo de exposición al BPA en gusanos adultos mimetiza lo que sucede en humanos. “Como sabemos que es prácticamente imposible en los días actuales no se exponer a los contaminantes, apuntamos a una estrategia tendiente a rescatar del daño provocado. Ya se sabe que la edad influye negativamente sobre la fertilidad en las mujeres, pues existen varios estudios que lo demuestran. Como la exposición al BPA [y a otros desreguladores endócrinos] sucede en el transcurso de la vida, aún no es posible estimar por separado en qué medida la infertilidad observada es producto de la exposición a químicos ambientales tóxicos y cuánto obedece a la edad”, declaró Hornos Carneiro.

Mediante el uso de gusanos transgénicos –con una secuencia de proteína fluorescente insertada en el ADN que permite la observación de la expresión proteica en estudios in vivo–, anticuerpos fluorescentes y técnicas avanzadas de microscopía y biología molecular, fue posible seguir en tiempo real los efectos producidos a nivel celular y molecular durante el proceso de división celular (meiosis) y la formación de embriones en los vermes.

La investigadora explica que, debido al hecho de que el BPA posee una estructura química similar al estrógeno –la hormona normalmente relacionada con el control de la ovulación en las mujeres–, puede unirse a los receptores de esta hormona, induciendo efectos diversos. “Dependiendo del tejido, puede producirse un efecto proestrogénico o antiestrogénico, lo cual puede generar no solo impactos sobre el sistema reproductivo sino también sobre otros sistemas y procesos importantes para la salud de la persona.”

Hornos Carneiro, actualmente docente de la Facultad de Química y Farmacia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, llevó a cabo la investigación durante su posdoctorado, con la ayuda de una beca de investigación en el exterior de la FAPESP, en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil.

De acuerdo con la investigadora, la exposición de los vermes únicamente al BPA resultó en una mayor cantidad de roturas de ADN. “Potencialmente, esto sucedió debido a la acción de especies reactivas de oxígeno, formadas en función de la presencia del contaminante en el organismo. Observamos que esas roturas no fueron correctamente reparadas en ese grupo de gusanos.”

Los daños se observaron mediante el monitoreo de una proteína implicada en la rotura y en la reparación del ADN cuando se produce el intercambio de material genético entre los cromosomas homólogos durante la meiosis.

Este intercambio de material, denominado crossing over, resulta importante a los efectos de incrementar la diversidad genética y para la evolución. “Una de las hipótesis indica que el aumento de roturas de material genético [y la ineficacia en la reparación] fue provocado por el aumento del estrés oxidativo en la gónada, ocasionado por el BPA”, dice.

Se observó también en el proceso una mayor disfunción mitocondrial: los orgánulos encargados de producir la energía de las células pasan a funcionar en forma desregulada. “Debido al estrés oxidativo, el potencial de la membrana mitocondrial estaba sumamente alterado en los gusanos expuestos únicamente al BPA. En tanto, en el grupo que recibió el aporte de la coenzima Q10 se registró un rescate de esos marcadores”, añade la investigadora.

En la investigación también se analizaron los embriones. Cabe destacar que el C. elegans es un helminto hermafrodita. Por eso mismo se autofertiliza, razón por la cual es posible observar en sus gónadas todas las etapas de desarrollo de las células germinativas en la meiosis hasta la formación de los corpúsculos polares y del embrión.

“En este estudio observamos la formación de los embriones in vivo mediante una técnica denominada live imaging. Utilizamos como estándar la primera división celular [el preciso momento en que el embrión pasa de una célula a dos] para evaluar la aparición de defectos. En el grupo expuesto únicamente al BPA surgieron defectos en mayor proporción como la formación de puentes de material genético, amén de la paralización de la división celular”, dice. (Fuente: AGENCIA FAPESP/DICYT)

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