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jueves, 4 de junio de 2020

¿Afecta el coronavirus a la fertilidad y las relaciones sexuales?

Ni los óvulos ni los espermatozoides son vulnerables al coronavirus, sin embargo las relaciones sexuales no están exentas del contagio, ya que el líquido seminal contiene otras células, además de los espermatozoides, que si pueden ser atacadas por el virus. En cuanto a la fertilidad, la pandemia puede tener un efecto negativo en la capacidad reproductiva de hombres y mujeres, tanto de manera directa, en los órganos reproductores, como por los efectos tóxicos de desinfectantes medioambientales, la ansiedad causada por las condiciones de confinamiento y, sobre todo, por algunos tratamientos antivirales.

En un estudio publicado en la revista Reproductive Biomedicine Online, el doctor Jan Tesarik, director de la clínica MARGen de Granada (España), ofrece una visión optimista y constructiva del futuro de los tratamientos de infertilidad, durante y después del COVID-19, y analiza su impacto en las parejas con problemas de fertilidad.

“Ni los espermatozoides ni los óvulos poseen los componentes que pueden ser utilizados por el virus como puerta de entrada: la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 (ECA2), particularmente abundante en la superficie de las células epiteliales de los alveolos del pulmón (neumocitos), el puerto de entrada preferente del virus.”

Las moléculas ECA2 están presentes en células de los conductos nasales, del intestino, de los riñones, de la vejiga y del corazón, que representan potenciales vías alternativas de la entrada del virus en el organismo.

“La ausencia de las moléculas ECA2 en los espermatozoides y los óvulos -señala Tesarik- excluye la transmisión del COVID-19 en la fecundación in vitro, realizada mediante la microinyección del espermatozoide en el citoplasma del óvulo (ICSI). Una conclusión confirmada empíricamente por la ausencia de la transmisión vertical (de los padres a los hijos) de la enfermedad”.

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(Foto: MARGEN)

Sin embargo, la transmisión del hombre a la mujer en el acto sexual no se puede excluir. De hecho, un estudio reciente ha detectado la presencia del virus COVID-19 en el eyaculado de algunos hombres afectados por la enfermedad. El eyaculado contiene varios otros tipos de células, además de los espermatozoides, que pueden, en teoría, transmitir el virus, aunque ningún caso real de transmisión sexual aún ha sido documentado. “La ventaja de la ICSI -indica el doctor Tesarik-  es que todas las células, que no sean el espermatozoide por inyectar, se eliminan, y la transmisión es imposible. También es imposible la transmisión de la mujer al hombre en el acto sexual, porque el virus  esta ausente en la vagina”.

Una de las principales preocupaciones de las parejas es saber hasta qué punto la situación creada por la pandemia puede deteriorar su estado de fertilidad. Según un otro estudio reciente, estos riesgos existen y pueden ser de diversa índole, como un efecto directo del virus sobre los órganos reproductores, efectos tóxicos de desinfectantes medioambientales, ansiedad causada por las condiciones de confinamiento y, sobre todo, varios tratamientos antivirales.

En el caso de los hombres, aunque el virus no pueda atacar a los espermatozoides, las moléculas de ECA2 están presentes en diferentes otros tipos de células testiculares que fomentan el desarrollo y la maturación de los espermatozoides. Consecuentemente, su infección puede afectar indirectamente la cantidad y la calidad de los espermatozoides de los testículos.

Los hombres jóvenes afectados por la COVID-19 deberían dejar evaluar su espermiograma y la integridad del ADN de los espermatozoides y, en caso de un deterioro progresivo, congelar el esperma antes de que se produzcan daños más importantes. De hecho, se registraron daños testiculares en una epidemia precedente con el virus SARS, íntimamente relacionado con el virus COVID-19. Sin embargo,  no se detectó ningún deterioro importante de la función reproductiva de la mujer.

Otros riesgos, quizá más relevantes, son las consecuencias del estado de pánico provocado tanto por el miedo de enfermar como por ver peligrar el futuro económico y laboral. El estrés crónico causado por la pandemia perturba el eje hormonal regulativo entre el hipotálamo, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales, con posibles daños en los espermatozoides y los óvulos. En cuanto al uso de los desinfectantes, a pesar de varias sospechas, aún no fue demostrada ninguna toxicidad para el sistema reproductor.

Algunos agentes terapéuticos antivirales, como remdesivir, ribavirin, lopinavir/ritonavir, cloroquina y hidroxicloroquina, producen varios efectos adversos en espermatozoides. “Hasta ahora, ninguno de aquellos medicamentos ha mostrado eficacia contra el virus, a pesar de los muchos estudios prospectivos en marcha. Independientemente de su eficacia, la mayoría son más o menos tóxicos para varios sistemas del organismo humano, incluyendo el reproductor,” comenta el doctor Tesarik.

“En esta situación -concluye el doctor Tesarik- sería recomendable extender los ensayos clínicos a medicamentos que han demostrado efectos positivos en epidemias previas con virus de la misma familia que el COVID-19, como la melatonina, que no tiene toxicidad ninguna y posee varios efectos protectivos en los humanos, incluyendo la prevención de diferentes tipos de cáncer”. (Fuente: MARGEN)

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martes, 2 de junio de 2020

La dieta durante el embarazo afecta a la microbiota y el desarrollo de los bebés en los primeros meses de vida

Investigadores del Instituto de Agroquímica y Tecnológica de Alimentos (IATA-CSIC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (España) han llevado a cabo un estudio que identifica distintos grupos de microbiota materna asociados a la dieta de la madre durante el embarazo, y los relaciona con la microbiota de los neonatos y su crecimiento durante sus primeros 18 meses de vida. Los resultados del trabajo, en el que han participado 86 madres con sus bebés desde el parto hasta los 18 meses de vida de los niños y niñas, aparecen publicados en la revista Gut Microbes.

La microbiota materna es el conjunto de bacterias que la madre transfiere a su hijo durante el embarazo y la lactancia, y que lo dotan de protección frente a enfermedades infecciosas. La nutrición durante el embarazo es importante para la salud de la madre y el bebé, pero todavía no se sabe mucho sobre el impacto que pueden tener en la microbiota intestinal materna distintos componentes de la dieta y cuál puede ser su impacto en la microbiota del neonato y en su salud a corto y largo plazo.

María Carmen Collado, investigadora del CSIC en el IATA-CSIC, explica que “se analizaron las muestras fecales de las madres y los bebés en el momento del parto mediante técnicas de secuenciación masiva para obtener los distintos perfiles en la microbiota intestinal. Posteriormente, se recogieron los datos de la dieta durante el embarazo, y se realizó un seguimiento clínico y antropométrico durante los primeros 18 meses de vida”.

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Microbiota. (Foto: CSIC)

La microbiota materna se dispuso en dos grupos con microbiota distinta asociados a ingestas dietéticas específicas durante el embarazo, como la ingesta de fibra, proteína vegetal, ácidos grasos omega-3 y polifenoles. Se observaron diferencias en la microbiota neonatal en función de la dieta y microbiota materna, y esas diferencias tuvieron también efecto en el crecimiento infantil.

“Hemos monitorizado durante 18 meses a los bebés de los distintos grupos siguiendo las pautas que dicta la Organización Mundial de la Salud de índice de masa corporal longitudinal y peso por longitud. También hemos observado las diferencias que se producían, demostrando que la dieta juega un papel muy importante en la vida temprana, que puede afectar a la microbiota materna; en particular, la fibra, la proteína vegetal y los ácidos omega-3, ejercen un efecto significativo sobre el microbioma del bebé y contribuyen al desarrollo infantil durante los primeros meses de vida, así como a la salud del niño”, concluye Collado. (Fuente: CSIC/DICYT)

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jueves, 28 de mayo de 2020

Inesperada interacción entre metales que afecta al agua potable

La distribución de agua potable a través de las redes de suministro municipales es un proceso más complejo de lo que podría parecer. Además, requiere una constante vigilancia para asegurar que el consumo del agua potable sigue siendo seguro. Una nueva investigación ha descubierto que una interacción entre metales que se había pasado por alto hasta ahora es capaz de afectar al agua potable.

No es raro encontrar aluminio en los sistemas de distribución de agua municipales. Es parte de un tratamiento químico usado en algunos procesos de depuración del agua. Sin embargo, recientemente se ha descubierto aluminio en los sedimentos de plomo, que conforman una película en la superficie interna de cañerías de plomo por las que circula agua potable.

Esa presencia de aluminio en cañerías no es una preocupación para la salud, en las cantidades que los investigadores vieron en las tuberías de agua examinadas. Así lo matiza Daniel Giammar, profesor de ingeniería ambiental en la Escuela McKelvey de Ingeniería de la Universidad Washington en San Luis de Misuri, Estados Unidos. Pero el alcance de sus interacciones con otros materiales no parece haberse explorado mucho antes de esta investigación.

En particular, Giammar quería averiguar el efecto que ese aluminio ejerce sobre el comportamiento del plomo en el sedimento que se acumula dentro de las tuberías. Mientras el plomo esté sujeto a la capa de sedimento, no entra en el agua potable que se distribuye. Si se desprende de la capa, entra en el flujo de agua y puede representar una amenaza si la cantidad desprendida es excesiva.

El equipo de Giammar, Guiwei Li y otros llevó a cabo varios experimentos y encontró que, al menos hasta donde el trabajo de laboratorio permite emular a la vida real, el aluminio tiene un pequeño pero importante efecto en la solubilidad del plomo bajo ciertas condiciones.

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Daniel Giammar. (Foto: Washington University in St. Louis)

En modelos simplificados, los investigadores observaron cómo la presencia o la ausencia de aluminio junto al fosfato afectaban a una tira de plomo en un frasco de agua con una composición similar a la del agua que se encuentra en muchos sistemas de distribución de agua potable. El objetivo de estas observaciones era conocer mejor la solubilidad del plomo, o la cantidad que se disolvería y llegaría al agua potable, ante la influencia de esas sustancias químicas.

En el frasco en el que solo se añadía fosfato, la concentración de plomo en el agua disminuyó de unos 100 microgramos por litro a menos de 1.

En el frasco en el que se añadió tanto el aluminio como el fosfato, la concentración de plomo en el agua disminuyó de unos 100 microgramos por litro a unos 10 microgramos por litro.

Diez microgramos de plomo por litro de agua sigue estando por debajo de los estándares que definen el agua potable en países como Estados Unidos, tal como aclara Giammar, pero sigue habiendo más plomo en el agua que el que se vio en el frasco sin aluminio.

“Esto nos mostró cosas sorprendentes”, enfatiza Giammar. “Algunas personas habrían pensado que el aluminio no estaba haciendo nada porque es inerte. Pero luego en nuestro trabajo, vimos que en realidad afecta a la solubilidad del plomo.” (Fuente: NCYT Amazings)

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miércoles, 27 de mayo de 2020

Cómo el corazón afecta a nuestra percepción

El corazón y el cerebro se comunican constantemente. Por ejemplo, cuando nos encontramos con una situación peligrosa, las señales del cerebro se aseguran de que el corazón lata más rápido. Cuando nos relajamos, el corazón se ralentiza. Curiosamente, viceversa, el latido del corazón también afecta al cerebro pero los mecanismos subyacentes no están claros. Los investigadores del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas (MPI CBS) en Leipzig y la Escuela de la Mente y el Cerebro de Berlín han identificado ahora dos mecanismos que sustentan la forma en que el corazón influye en nuestra percepción, el cerebro, y cómo estos mecanismos difieren entre los individuos.

El primer mecanismo establece una relación entre la fase del latido del corazón y la experiencia consciente. En un ritmo regular, el corazón se contrae en la llamada fase sistólica y bombea sangre al cuerpo. En una segunda fase, la fase diastólica, la sangre fluye de vuelta y el corazón se llena de nuevo. En una publicación anterior del MPI CBS, se informó que la percepción de los estímulos externos cambia con el latido del corazón. En la sístole, es menos probable que detectemos un estímulo eléctrico débil en el dedo en comparación con la diástole.

Ahora, en un nuevo estudio, Esra Al y sus colegas han encontrado la razón de este cambio de percepción: La actividad cerebral está cambiando a lo largo del ciclo cardíaco. En la sístole se suprime un componente específico de la actividad cerebral, que se asocia con la conciencia, el llamado componente P300. En otras palabras, parece que – en la sístole – el cerebro se asegura de que cierta información se mantenga fuera de la experiencia consciente. El cerebro parece tener en cuenta el pulso que inunda el cuerpo en la sístole y predice que los cambios corporales asociados al pulso “no son reales” sino que se deben al pulso. Normalmente, esto nos ayuda a no ser constantemente perturbados por el pulso. Sin embargo, cuando se trata de estímulos débiles que coinciden con la sístole, podríamos pasarlos por alto, aunque sean reales.

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(Foto: Pixabay)

Durante sus investigaciones sobre las interacciones corazón-cerebro, Al y sus colegas también revelaron un segundo efecto del latido del corazón en la percepción: Si el cerebro de una persona muestra una mayor respuesta a los latidos del corazón, el procesamiento del estímulo en el cerebro se atenúa: la persona detecta menos el estímulo. “Esto parece ser el resultado de dividir nuestra atención entre las señales ambientales externas y las señales corporales internas”, explica el autor del estudio Al. En otras palabras, un gran potencial evocado por los latidos del corazón parece reflejar un “estado mental”, en el que estamos más centrados en el funcionamiento de nuestros órganos internos como la circulación de la sangre, aunque estemos menos conscientes de los estímulos del mundo exterior.

Los resultados no solo tienen implicaciones para nuestra comprensión de las interacciones corazón-cerebro en personas sanas, sino también en pacientes. El autor principal, Arno Villringer, explica: “Los nuevos resultados podrían ayudar a explicar por qué los pacientes después de un accidente cerebrovascular suelen sufrir problemas cardíacos y por qué los pacientes con enfermedades cardíacas suelen tener una función cognitiva deficiente”.

Los investigadores investigaron estas relaciones enviando estímulos eléctricos débiles a electrodos fijados en los dedos de los participantes del estudio. En paralelo, registraron los procesos cerebrales de cada participante usando un EEG (electroencefalograma) y su actividad cardíaca usando un EKG (electrocardiograma). (Fuente: NCYT Amazings)

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viernes, 22 de mayo de 2020

La contaminación afecta al hábitat del camarón de agua dulce

Un equipo del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Puerto Real, Cádiz (España), ha demostrado a través de un experimento que una especie de camarón de agua dulce, (Atyaephyra desmarestii), que habita en los ríos europeos, como es el caso del Guadalete en Cádiz, es capaz de tomar la decisión de moverse a uno u otro tramo del río cuando detecta condiciones no favorables para su supervivencia, como puede ser la presencia de contaminantes o la ausencia de refugios para protegerse frente a los depredadores. La investigación ha aparecido en el último número de Environmental Pollution.

Explica el equipo que generalmente en los estudios sobre los impactos de la contaminación se suele valorar el efecto tóxico sobre los organismos expuestos; pero su investigación se basó en un enfoque distinto y novedoso, ya que “los organismos fueron expuestos simultáneamente a diferentes escenarios para que pudieran elegir aquel que fuera más idóneo”. Los ejemplares del experimento tenían de partida varias opciones de hábitat: una de ellas con la presencia de refugios que les ofrecían protección; otra en la cual se habían añadido señales químicas de un potencial depredador y que representaba por lo tanto un riesgo inminente; y finalmente otros compartimentos con diferentes grados de contaminación por cobre.

Apunta el estudio que las “decisiones” de los camarones variaron según cómo se presentaron las diferentes opciones. “Cuando eran expuestos a cada factor individualmente, los camarones preferían las áreas con protección y evitaban a los depredadores y la contaminación. Sin embargo, cuando los camarones fueron expuestos a estos tres factores de manera simultánea, la respuesta fue diferente. La necesidad de evitar las zonas contaminadas quedó evidente, ya que los organismos prefirieron las áreas limpias, aunque sin refugio, en vez de áreas contaminadas con espacios donde refugiarse. Pero, cuando existía el riesgo de ser depredados, la decisión cambió: en vez de permanecer en una zona sin contaminación y con áreas para refugiarse, los organismos eligieron moverse a una zona sin depredadores, exponiéndose a la contaminación, a pesar de las consecuencias tóxicas que pudiera suponer. Sin embargo, este desplazamiento se restringió a las zonas de contaminación moderada”.

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Camarón transparente rayado. (Foto: Rafael Duarte)

Puntualiza el estudio que con este experimento no sólo se confirma que la contaminación es obviamente un problema ambiental por los efectos tóxicos que produce sobre los organismos, sino que también causa una interferencia en la dinámica de las comunidades; y esa es la principal novedad de este experimento diseñado en un “escenario multi-compartimentado”. Se demostró que la contaminación también influye en la distribución espacial de los organismos en los ecosistemas y altera sus relaciones con otros elementos del medio.

Concluyen los autores apuntando que “cuanto más se expanda la contaminación, menos áreas habitables habrá, mayores serán las adaptaciones requeridas en cuanto a la búsqueda de recursos y al comportamiento de protección ante depredadores y más severas serán las consecuencias por la exposición a la contaminación. Los resultados dejan claro la capacidad de estos camarones para hacer una evaluación bastante compleja del ambiente, valorando el coste y el beneficio de permanecer en un ecosistema o huir hacia otro”.

Este estudio se ha realizado en el marco del proyecto de cooperación internacional “MultiCecotox”, en el que participan investigadores no sólo de España, sino también de Bangladesh, Brasil, Costa Rica, Marruecos y Túnez. El proyecto busca desarrollar y aplicar nuevos sistemas de ensayos de toxicidad para evaluar los efectos de los contaminantes sobre la selección de hábitat por parte de los organismos. MultiCecotox está coordinado desde el ICMAN-CSIC por Cristiano V.M. Araújo. (Fuente: CSIC/DICYT)

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viernes, 15 de mayo de 2020

Investigadores estudian cómo afecta el confinamiento al dolor crónico y recurrente

«Queremos recopilar datos sobre cómo afecta el confinamiento al dolor, ya que no tenemos constancia de que haya ningún estudio al respecto en nuestro entorno», apunta Rubén Nieto, investigador del grupo eHealth Lab y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) (España). Los investigadores quieren analizar qué consecuencias tiene el hecho de no poder salir para las personas que sufren algún tipo de dolor de manera habitual. Los expertos consideran que factores que se pueden producir durante el confinamiento, como el estrés, el miedo o el sedentarismo, pueden influir en el dolor crónico.

Aunque los investigadores quieren analizar las impresiones de personas que sufran cualquier tipo de dolor físico, algunos de los más comunes son el dolor cervical y el lumbar, que se calcula que afectan a un 25 % de los europeos. Además, este tipo de dolor de espalda lo sufre por lo menos el 40 % de las personas en algún momento de su vida.

Una realidad que puede agravarse con el teletrabajo, ya que puede que no dispongamos de un espacio con las condiciones óptimas de la oficina, como puede ser una silla y una mesa con una buena ergonomía. «Pero no solo la ergonomía puede afectar, sino también la situación en la que se desarrolla el trabajo. Hay domicilios con niños, que no van a la escuela, y hay que compaginar la vida laboral, familiar y social. Esta realidad combinada, con un nivel de carga de trabajo elevado, puede incrementar el estrés y aumentar el malestar de las personas con dolor», describe Nieto.  

Los investigadores de la UOC indican que muchos dolores físicos, como los de espalda, tienen orígenes que van más allá de los fisiológicos, ya que es una realidad en la que influye cómo nos sentimos en cada momento. Además, las interacciones con personas de nuestro entorno también pueden condicionar nuestro dolor.

Para afrontar esta realidad, apuntan los investigadores, existen las denominadas «intervenciones psicosociales». Estas terapias incorporan técnicas como la reestructuración cognitiva, es decir, ser conscientes de que nuestra forma de pensar afecta cómo nos sentimos y el dolor, y que tenemos que cambiar los pensamientos negativos por otros más adaptativos; o la distracción, que consiste en hacer alguna acción para distraer la atención, ya que, si no estamos tan pendientes del dolor, no nos afecta tanto.

Para conocer cómo el confinamiento en España afecta a las personas que tienen algún dolor físico habitual, los investigadores han lanzado esta encuesta, que está abierta a la participación de adultos hasta el 9 de mayo. El cuestionario tiene una duración de 15 minutos.

Los investigadores quieren obtener información para entender los efectos durante el confinamiento de diferentes desencadenantes de los problemas de dolor para las personas con dolor. La encuesta tiene el objetivo de contrastar hipótesis científicas que pueden servir para la mejora de los tratamientos biopsicosociales para personas con dolor crónico. «Tener esta información es importante, ya que si el confinamiento afecta a los problemas de dolor crónico, debemos diseñar y pensar estrategias para futuras situaciones similares», indica Rubén Nieto.

Junto con Rubén Nieto, participan en este estudio Beatriz Sora, investigadora también del grupo de investigación eHealth Lab y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, la psicóloga clínica Rebeca Pardo, investigadora y profesora de la UNIR, así como Juan Vicente Luciano Devis y Albert Feliu Soler, investigadores del Instituto de Investigación Sant Joan de Déu. (Fuente: UCO)

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